Hoy reconocí el sabor de esas lágrimas. Había tenido esa sensación pocas veces en mi vida. No era ni por dolor ni tristeza. Era, más bien, agridulce.
Creo que he conocido muchas personas que depositaron en mí (o mejor dicho, que yo dejé que provocaran en mí) miedos e inseguridades, que en el día de hoy me afectan.
Si bien de cada una de ellas pude aprender lecciones y mejorar, también dejaron sus marcas.
Es fácil reconocer el llanto de tristeza. Pero el del miedo es casi imperceptible. No duele el pecho, no sientes ese vacío, pues claro no se trata de ninguna decepción.
Son las ganas de huir y no poder las que te provocan llorar. Es la impotencia de no poder controlar los sentimientos, y el miedo a que desborden de tal manera que te pierdas en ellos.
No te duele el pecho, más bien sientes un nudo en la garganta. Se atoran las ganas de gritar y salir corriendo.
Creo que he conocido muchas personas que depositaron en mí (o mejor dicho, que yo dejé que provocaran en mí) miedos e inseguridades, que en el día de hoy me afectan.
Si bien de cada una de ellas pude aprender lecciones y mejorar, también dejaron sus marcas.
Es fácil reconocer el llanto de tristeza. Pero el del miedo es casi imperceptible. No duele el pecho, no sientes ese vacío, pues claro no se trata de ninguna decepción.
Son las ganas de huir y no poder las que te provocan llorar. Es la impotencia de no poder controlar los sentimientos, y el miedo a que desborden de tal manera que te pierdas en ellos.
No te duele el pecho, más bien sientes un nudo en la garganta. Se atoran las ganas de gritar y salir corriendo.
Luego de todas las experiencias amorosas "malas" (si se pueden llamar así), si sientes algo lindo aparece miedo. Liso y llano. Es la culpa, es pensar que no somos dignos de merecer lindos sentimientos, que no pueden pasarnos cosas buenas, y que todo va a terminar porque ya te pasó antes.
Tienes ganas de merecerlo, pero las experiencias pasadas te hacen creer que no es así, que tú no eres suficiente, y que nadie te puede querer de verdad.
Y te da miedo sentir, porque si arriesgas otra vez perderás. Quieres, pero algo te frena. Es el miedo a que te abandonen, que te lastimen, a querer y no ser correspondido.
Lo difícil no es querer, sino dejarse querer. Dejar de creer que si una persona en tu vida aparece, no es igual a las demás, porque todos somos distintos.
Entonces, te encierras, te aislas. No permites que esa persona entre en tu vida a desarmarlo todo, a romper tu estructura. Eres distante, tratas de encasillar emociones, intentas ser racional. Porque la frialdad y la tibieza permite autocontrol. Construyes una coraza que te mantiene aislada y te reprimes.
No respondes llamados, no muestras afecto, no envías mensajes, no hablas demás, no aceptas invitaciones.
Por miedo a parecer intensa, o a tener sentimientos, como si eso fuese malo. Por miedo a espantar y que salga corriendo.
Aunque tú no lo harías. Si te demostraran afecto, no saldrías corriendo. Te quedarías, porque ya lo decidiste. Pero no dejas que entren. Te mantienes en un estadio superior hasta estar completamente segura de sentir. Porque entiendes que sentir algo lindo por una persona es signo de debilidad.
Y tú no te consideras débil, el que no siente es fuerte, no deja que nada lo corrompa ni destruya. Tonterías.
Tienes ganas de merecerlo, pero las experiencias pasadas te hacen creer que no es así, que tú no eres suficiente, y que nadie te puede querer de verdad.
Y te da miedo sentir, porque si arriesgas otra vez perderás. Quieres, pero algo te frena. Es el miedo a que te abandonen, que te lastimen, a querer y no ser correspondido.
Lo difícil no es querer, sino dejarse querer. Dejar de creer que si una persona en tu vida aparece, no es igual a las demás, porque todos somos distintos.
Entonces, te encierras, te aislas. No permites que esa persona entre en tu vida a desarmarlo todo, a romper tu estructura. Eres distante, tratas de encasillar emociones, intentas ser racional. Porque la frialdad y la tibieza permite autocontrol. Construyes una coraza que te mantiene aislada y te reprimes.
No respondes llamados, no muestras afecto, no envías mensajes, no hablas demás, no aceptas invitaciones.
Por miedo a parecer intensa, o a tener sentimientos, como si eso fuese malo. Por miedo a espantar y que salga corriendo.
Aunque tú no lo harías. Si te demostraran afecto, no saldrías corriendo. Te quedarías, porque ya lo decidiste. Pero no dejas que entren. Te mantienes en un estadio superior hasta estar completamente segura de sentir. Porque entiendes que sentir algo lindo por una persona es signo de debilidad.
Y tú no te consideras débil, el que no siente es fuerte, no deja que nada lo corrompa ni destruya. Tonterías.
El que no siente, pierde. El que no se deja querer, pierde.
No hay comentarios:
Publicar un comentario