Me rendí. Perdón, no tuve la fuerza suficiente para aguantar el dolor y quedarme.
Te juro que me encantas, sé que sos buen chico y el resto de elogios, pero no puedo seguir si no me dejas entrar. Para que me quede, tenés que apartar ese miedo que te domina. Tal vez no soy yo la indicada para cruzar esa puerta, y eso me entristece, porque amaría serlo.
Pensé que iba a lograrlo, no sólo entrar sino tenerte la paciencia. Pero no logro ver tu interés hacia mí, no logro comprender y aceptar totalmente tu forma de tratarme. Y eso me entristece también. Me encantas, vales la pena, pero ¿dónde queda lo que yo quiero? ¿en un cajón? ¿Acaso yo no valgo nada para vos? Yo creo que agoté tu ilusión, que no te gusto lo suficiente. Pero tampoco lo intentas. Algo te atrajo a mí, recordalo, por favor.
Me duele cuando no noto interés porque yo te doy espacio en mi vida, te incluyo, te dejo entrar despacio. Vos ni eso. Te encierras en tu mundo. Y sos impenetrable. Y necesitas amor, mucho, para curar esas heridas. Pero si no me dejas entrar, no podré sanar el dolor y hacerte fuerte y feliz como mereces. Mereces sonreír siempre.
Y yo también. Por eso me voy. No puedo entrar donde no me dejan pasar sin permiso, es de mala educación. Espero que mi partida te haga entender esto, y reacciones. Quiero que me veas capaz de quitarte los miedos, y curarte las heridas con todo el amor y paciencia del mundo, porque sé que lo soy.
Dejame entrar por favor. Vení a buscarme.
Escrito por Joëlle Uranga
Escrito por Joëlle Uranga
No hay comentarios:
Publicar un comentario