viernes, enero 13

Life goes on.



Querida amiga:

Todo lo que diga en este momento tan difícil será en vano, aunque sea la verdad. Te han roto el corazón, por primera vez, y lo lamento tanto. Te abracé, y no pude evitar esa sensación de tristeza y decepción que una vez me invadió. Eras un reflejo de mi yo del pasado. Sigo sin encontrar palabras para consolarte y sacarte ese dolor. Realmente no existen las palabras justas,  sólo algunas verdades basadas en mi poca experiencia. Somos jóvenes, por lo tanto mucho no sabemos. Estamos aprendiendo a vivir… Así que, ¿qué decirte?

La vida sigue. Ahora es el fin del mundo, estás en shock, estás perdida, y lo entiendo. Será así un tiempo, incluso a veces te cueste respirar. Pero con o sin él, la vida sigue. Es una verdad: naciste sin él y morirás sin él. Tu vida depende de vos, exclusivamente. Tenés que entender que la felicidad está dentro tuyo, no necesitás a otra persona. Amarte, cuidarte, conocerte, eso hay que aprender, y ser feliz con uno mismo, para así en el futuro podrás hacer lo mismo con otra persona. Ahora ves un abismo, todo oscuro, pero mañana es otro día y saldrá el sol. Todo estará bien.

No entendes por qué pasó esto. Y dejame decirte que nunca lo vas a entender, por más que le des miles de vueltas. “A veces somos el cuchillo, y otras la herida”, y es cierto. Hay que aceptar que nadie está obligado a querer a otra persona, el amor no se puede forzar. Pasa o no pasa, tan simple y complicado como eso. Parece un cliché, pero es otra gran verdad. A veces te eligen y vos no, a veces vos elegís y el otro no. Y ese desencuentro duele, claro que sí; pero el cariño jamás será amor.  Yo creo que cuando ambas personas se escogen, entre tantas, amerita ser llamado magia, más que amor; es difícil ponerse de acuerdo para amar realmente. Dos personas, se elijan o no, merecen ser felices, no forzarse a sentir algo que no sucede. Algunas lo saben tarde, otras a tiempo. Siempre al final, aparece una persona que nos corresponde y es la indicada.

Seguramente, por un tiempo, le tengas rencor. Y es comprensible. Pero le agradecerás más adelante, creeme. Él quiere ser feliz, y también quiere que vos lo seas, aunque lamentablemente no sea juntos. La vida te hace un favor… Así que te recomiendo que no odies al amor, jamás se sufre por amor, porque la desilusión es lo que provoca dolor. Seguí confiando, amando, intentando, yendo con cuidado.

No hay mal que por bien no venga. Creeme, lo mejor está por venir. Ahora sentís que tu vida se viene abajo, pero tocar fondo sirve para elevarse aún más alto. No merecés sufrir, claro que no. La vida siempre te pondrá a prueba una y otra vez, esto te hará más fuerte, más sabia, más cuidadosa, para la próxima (porque lamento decirte que no será la primera y única vez que te rompan el corazón). Y con el tiempo vas a descubrir que él no era el indicado. Vas a vivir, y te vas a reír de esto. Por algo pasan las cosas, y absolutamente todo pasa. Al final, está la solución. Hay que tener paciencia y seguir adelante. No hay otra manera.

Todos puros clichés, y todos ciertos. De nada sirven mis humildes consejos ahora. Quiero que sepas que entiendo el dolor que te agobia, y que estaré ahí siempre para lo que necesites. Quizás hay muchas cosas no sepa, no pueda manejar, o me falten vivir. Y admito que sea así porque con sólo veintidós años es imposible saberlo todo y actuar de forma madura…

Ojalá alguien hubiera dicho estas palabras en su momento. Presiento que esta carta está más dirigida a mí que a vos…

Todo va a estar bien. Para ambas. Merecés lo mejor, y yo también.

No hay comentarios:

Publicar un comentario