Algo diferente. Viernes, 8 de Junio de 2012.
A pesar de que todo lo que siente un adolescente ya sea conocido, para uno es un mundo nuevo. Primer amor, secundaria, los amigos, entre otras cosas que van pasando en esta época. "Es una etapa hermosa", dicen. Debe ser porque los que te lo dicen tienen más de treinta años y quieren volver el tiempo atrás.
La palabra "adolescente" viene de "adolecer", es un periodo de cambios físicos y mentales, pero lo biológico por hoy no me interesa. O sea, vivimos en duelo, descubriendo quiénes somos y lo que queremos de nuestra vida. Y sí, duele, este proceso no es fácil. Y menos mal que no lo es, porque sino sería aburrido. A todos nos gustaría tener un manual de instrucciones para saber qué hacer en cada situación que se nos aparece, pero creo que descubrirlas por uno mismo es el sentido de la vida. Por lo tanto, debe doler.
El dolor es malinterpretado. No sólo es físico, también puede ser psicológico. Los cambios que van surgiendo a nuestro alrededor nos transforman, ya sea para bien o para mal. Se parecen virtudes, defectos, cosas que nos gustan, otras que nos desagradan, miedos. Miedos, qué palabra. ¿A qué se le puede tener miedo en esta edad? Nos sentimos poderosos y capaces de todo, pero ¿y el miedo cuándo aparece? Lectores, personalmente, le tengo temor a vivir, al cambio.
Voy a serles sincera: no quiero crecer. No quiero terminar una etapa y empezar otra de manera tan apresurada. Siento que tengo que aprender más cosas antes de convertirme en "adulta", soy demasiado chica aún. No estoy segura que si lo que quiero es lo que realmente deseo. Aún no me entiendo a mí misma, no sé quién soy. Cuando pienso en que pronto estaré en una facultad llena de personas de mi edad o más grandes, me da terror. Tengo miedo a fracasar en lo que quiero, si es lo correcto o no para mí. No estoy segura de mí misma, ni de mis sentimientos ni mi personalidad. Es por eso que envidio (no de manera odiosa) a las personas que ya están seguras de sí. ¿Cómo hacen para saberlo?¿Cómo lo lograron?¿Es tan difícil encontrar quién eres en ti mismo?
Joëlle,
Ahora tenemos veintiún años, y puedo jurar que en estos cuatro años han pasado muchas cosas. Claro que hubo cambios, superficiales o físicos, pero sobre todo emocionales y personales.
Me acuerdo de ese miedo que sentíamos a vivir, a transformarnos, sin saber dónde estábamos paradas. Pero te digo algo: seguirás sin saberlo. Es una incertidumbre deliciosa, aprenderás a disfrutarla. Cada paso que des será un cambio que determinará el paso siguiente. Es hermoso vivir, de a poco descubrirás que no hay que temerle, hay que sólo vivir, porque no hay manuales que enseñen cómo hacerlo.
Dejame decirte que te enamorarás, amarás a esa persona como nadie en el mundo, y sólo tendrás ojos para él. Es un sentimiento que jamás habías experimentado, te hará sentir plena, es maravilloso, creeme. Amarás desinteresadamente, sin condiciones, y te entregarás completamente. En teoría, él también te amará y le creerás todo lo que dice. Nadie existirá alrededor tuyo, excepto él y sus ojos verdes...
Sin embargo, lamentablemente, eso acabará pronto, en un parpadeo él te dejará. Sí, sufrirás la famosa “pérdida del primer amor”. Hasta ese momento, vos nunca entendiste por qué las personas sufrían por amor o, mejor dicho, por decepciones amorosas. Nunca entendiste los celos, la rabia, la tristeza que podía causar amar a alguien... hasta ese momento. Sentirás como si te hubiesen clavado un puñal en el pecho, y que te deja un dolor constante aunque la herida no sangre. Y te sentirás desdichada, infeliz, sin vida. Desearás morir, porque sin él la vida no tiene sentido alguno. Las preguntas: “¿Para qué vivo si él no me quiere?”, “¿Qué hice mal?”, “¿Por qué a mí me pasa esto?”, “¿Por qué?”, rondarán por tu cabeza (y todavía no sabemos el porqué, creo que nunca lo sabremos). Llorarás todas las noches sobre tu almohada por semanas. No querrás estudiar, ni arreglarte, ni salir de casa, ni comer. Tendrás que fingir ante nuestros padres y amigos que estás “bien” cuando, en realidad, estás destrozada por dentro.
Igualmente, no te preocupes, sobrevivirás. Superarás la angustia. Nuestro problema es que nuestra manera de amar es tan desinteresada -creo que “profunda” es la palabra correcta- que no podemos controlar el sentimiento, y también confiar ciegamente en la otra persona; todo ello sin imaginar que nos pueda decepcionar. En fin, con el tiempo te volverás más fuerte, aunque también serás más fría (peor que antes, temo decirte) y muy desconfiada. No querrás que nadie vuelva a derretirte como él pudo, y no querrás volver a amar. Volverás a apreciar tu libertad y soledad, y entenderás que el que él se fuera fue lo mejor que te pudo haber pasado, creeme, nos hizo un favor. Por lo que, ahora, queremos darle las gracias. Amarás tu libertad. Más tarde, querrás volver a enamorarte, pero tendrás miedo. Ahora lo tenemos, creo que costará un poco.
No será la única decepción que sufras. Sé que es algo que odiamos, pero si bien ganarás, también perderás amigos. Pienso que “algo que no podemos controlar” (Dios, Krishna, destino, lo que sea) pone en nuestras vidas personas que cumplen su propósito y se largan, como si nada hubiese sucedido. Nos encariñamos con ellas, y las perdemos finalmente, sea de quién sea la culpa. Te equivocarás muchas veces, aunque sin intención de lastimar. Aprenderás a no confiar tanto, a ser más reservada. Aprenderás que las personas envidian tus logros sin conocer tu sacrificio, y eso no lo puedes cambiar. Comenzarás a elegir a quién contarle tus cosas y a quién pedirle consejos.
Entonces, en suma, aprenderás, que nada dura para siempre, todo es efímero. Que las personas pueden mentir, pueden exagerar cuando hablan, pueden romper promesas. Que tampoco van a actuar o reaccionar como uno lo haría. Que todos somos egoístas, preferimos salvar nuestro propio pellejo, y a nadie le interesa el prójimo. Que al otro no le tienen por qué importar tus sentimientos, y nadie se pondrá en tu lugar. Y aprenderás que sólo valen la pena aquellas personas que te dejan ser como sos, que valoran tus virtudes aunque vos no las veas, que te critican en la cara constructivamente, y que siempre te desean -de corazón- lo mejor en tu vida.
Recuerdo cuando teníamos miedo de empezar la facultad, de que si la carrera que elegíamos era lo que realmente queríamos para el resto de nuestra vida. Dejame decirte que fue la mejor elección que hicimos. Al principio, te costará adaptarte al ambiente y al sistema. Pero conocerás personas que hoy son tus amigos/as, aquellas con las que compartirás muchos momentos y gustos, empezarán los mejores años. Te sentirás más libre; sí, el colegio era lindo, pero esto lo supera. Y descubrirás que la carrera no era lo que imaginabas, sino mucho más, sumamente interesante, apasionante... Te enamorarás del derecho, amarás tu carrera, aunque fallarás exámenes y recursarás materias. Sentirás que no naciste para hacer otra cosa en tu vida que no fuera ser abogada.
Aprenderás muchas otras cosas, incluso las que antes no nos importaban, te harás más culta. Leerás más, y escucharás otra música (Los Beatles siguen ahí, descuida). Aprenderás tanto que cambiarás algunos de tus principios, hasta los estructurales. Lo que antes era blanco, será negro. Harás cosas que dijiste que nunca harías. Pero así somos, cambiantes, no es bueno mantenerse estático, no es saludable. El mundo se transforma, y nosotras con él, no podemos quedarnos sentadas. Te dejarás llevar poco a poco por tus impulsos, te irás liberando. Tendrás nuevas metas, sueños, proyectos para tu vida, y creo que los vamos a cumplir.
Y teníamos miedo por no saber quién somos. Seguimos sin saberlo, y me parece genial. Es decir, ¿para qué serviría tener claro quién es uno? No es necesario realmente, cambiamos tanto que ya los adjetivos para describirnos son irrelevantes, tenemos un poco de cada uno. Sabemos que no podemos estar atadas a algo, por lo tanto imposible encajonarnos en una clase de persona. “Definir es limitar” diría Lord Henry Wotton (amarás a Oscar Wilde, cuando antes lo odiábamos); y eso es cierto, no hay mejor manera para describirnos. ¿Para qué limitarse en un puñado de palabras, cuando podemos ser eso y más? Capaz que en unos años podremos hacerlo, o en nuestro lecho de muerte, no lo sé, no me interesa. Para eso, creo que tenemos mucho que aprender aún. Hay que viajar, leer, descubrir, mucho por vivir falta, y aún hay tiempo, ¡tenemos toda la vida si queremos! Joëlle, tenemos veintiuno, somos jovenes... Me da risa que nos haya preocupado no estar segura de quién éramos a los diecisiete.
No aprenderás, sino mejor dicho, aprenderemos a vivir sobre la marcha.
Ahora a nuestra “yo del futuro”, cuando en unos años me lea,
Quiero que sigamos con estas plenas ganas de vivir, de seguir hambrientas de conocimiento, de ser inquietas y cambiantes. Deseo ahora que hayamos tenido más lecciones de vida, que nos hayamos repuesto frente al dolor y seamos más fuertes, que nos superemos día a día. Y sobre todo, espero que nos aceptemos como somos, con defectos y virtudes, y seamos felices con eso.
Nos deseo lo mejor.
Joëlle.
No hay comentarios:
Publicar un comentario