Como dolieron tus palabras escritas en esa hoja con tu terrible caligrafía. “Nada, solo te veo como una amiga”. Cuando leí esa última palabra de la frase, sentí como miles de puñaladas atravesaban mi cuerpo dejándome herida hasta el alma, dejándome heridas que todavía sangran. Fueron tan simples y cortos tus términos, que parecían escritos sin sentimientos, frívolos, sin lástima hacia mí. Al terminar de leer esa frase rompí a llorar de dolor y de desilusión. No podía evitarlo, era más fuerte que yo.Llegue a mi casa, cansada y triste. Entre a mi habitación y cerré la puerta, deje mis cosas en el piso y me tire en la helada cama. Rompí a llorar otra vez. Me había caído a un pozo muy hondo, me sentía como si todos me miraran desde afuera de él y nadie quería sacarme, me sentía demasiado sola. Era inexplicable ese dolor provocado por tu amor no correspondido.
Ni siquiera quisiste pensarlo, eso me dolió más. ¿De verdad jamás pensaste si podrías quererme más que a una amiga? Tenía que escuchar tu NO desde ti, no de ajenos. Sabía que iba a dolerme, como ahora. Sabía que ibas a responder, pero igual insistí. Quería oírlo de tu voz, pero lo vi de tus palabras que lastimaron demasiado. Soy tan masoquista y estúpida. No quería hacerme falsas ilusiones pero igual me las hice porque no quería ver la realidad, y terminé más lastimada de lo que pensaba.
En ese momento, no quería existir más. Sé que suena horrible, pero pensaba en matarme desde las maneras más estúpidas hasta las más locas. Todo el dolor estaba consumiéndome por dentro, de manera dolorosa y lenta. Deseaba que se detuviera para no seguir sufriendo pero el padecimiento seguía constante.
Lo más extraño es que sigo amándote. Rompiste mi corazón y sigo amándote con cada uno de los pedazos. Increíble. Debería odiarte, pero no lo hago. Quiero hacerlo, pero no puedo. Te juro que eres imposible, en todas las maneras de ver…
Me quede dormida pensando en todo esto y llorando a mares. Pensando en ti, como siempre…
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